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Reuters/Lucas Jackson
Sí, esas mantas.
NACE UN NIÑO

Por qué todos los bebés en Facebook están envueltos en la misma manta

Lisa Selin Davis
By Lisa Selin Davis

La mañana después de que nació mi segunda hija, le tomé una fotografía—donde estaba hermosa y serena—y la publiqué en Facebook. La imagen mostraba muchas cosas que mis amigos podían deducir y que los vendedores podían explotar: por ejemplo, su fecha de nacimiento, su color de ojos y su nombre. Pero lo que sabían con certeza era que Athena había nacido en un hospital.

¿La señal reveladora? La manta.

Han visto alguna, hayan tenido un bebé o no: es mayormente blanca, con rayas gruesas de color azul oscuro y rayas finas de color rosa en los bordes. Si tienen una cuenta de Facebook o Instagram, la han visto decenas o, tal vez, cientos de veces.

La manta es parte de la línea Kuddle-Up creada por Medline, una empresa empresa de suministros para la atención médica con sede en Mundelein, Illinois. La compañía fue fundada en 1910 por A. L. Mills, un nativo de Arkansas que se mudó a Illinois y se ganaba la vida diseñando delantales de carniceros para la industria de empaque de carne de Chicago. Con el tiempo, eso lo llevó a trabajar en la creación de batas quirúrgicas: fue el primero en cambiar el estilo del blanco que refleja la luz al actual verde jade masivo que la absorbe. Hizo lo mismo con las batas de hospital: las hizo estampadas en lugar de en tonalidades apagadas de colores sólidos y colocó el lazo de la parte trasera a un lado, lo que Jim Abrams, director de operaciones de Medline, llamó “un poco más de modestia”.

A principios de la década de 1950, las mantas para recién nacidos estaban hechas, generalmente, de tela color beige opaco. Mills, siempre innovador, quería hacer con las mantas lo que había hecho con las batas. “Les preguntó a las mujeres en la oficina qué harían para darles un poco de vida”, afirma Abrams. Pasaron por varias versiones y, finalmente, se quedaron con la versión a rayas azules y rosas, ya que, como habrán sospechado, sirven tanto para niñas como para niños. El estampado es curiosamente atractivo—antes de darme cuenta de que el 99 % de los recién nacidos se envuelven en mantas idénticas, pensé que era espléndido. Nunca parece anticuado, cursi ni de Disney. Es un verdadero clásico.

Es evidente que muchas personas están de acuerdo. Sesenta años más tarde, Medline vende cada año 1,5 millones de mantas Kuddle-Up, modelo Candy Stripe (los otros modelos, con elefantes o patos, están menos difundidos). En el hospital HealthAlliance, en Kingston, Nueva York, por ejemplo, el personal de mantenimiento compra 3100 mantas 100 % de algodón por año y, con frecuencia, utiliza cuatro o cinco por cada recién nacido.

Si bien es posible que el éxito de la manta pueda tener algo que ver con la estética, está más relacionado con el tiempo. En 1950, el 88% de todos los nacimientos tuvieron lugar en hospitales (hoy, la cifra es del 99 %). Tan solo 10 años antes, solo el 56 % de los nacimientos eran en hospitales; el resto se producían mayormente en el hogar o en centros de maternidad.

En el siglo XIX, el parto había sido, en gran parte, trabajo doméstico. Con la aparición de los medicamentos contra el dolor, el aumento del seguro integral de salud en la década de 1910 (que, luego, por supuesto, no continuó) y la creación del Consejo Norteamericano de Obstetricia y Ginecología en 1930, entre otros factores, el parto se trasladó del dormitorio a la habitación del hospital.

La manta Kuddle-Up estuvo vinculada con la institucionalización del parto. Del mismo modo en que comenzamos a estandarizar el proceso de nacimiento, también comenzamos a estandarizar la experiencia posparto, de forma tal que la foto del recién nacido en la manta Kuddle-Up es, a esta altura, un indicador inmediato. Miles de padres nuevos, e incluso abuelos, fueron envueltos en una manta igual cuando nacieron; el mismo estampado se extiende por varias generaciones. “Todos mis hijos, los hijos de mis amigos; todos envolvieron a sus hijos en esa manta”, afirma Abrams. Sin embargo, pocos de nosotros lo sabríamos si no fuera por la publicación de las fotos de recién nacidos en las redes sociales.

Casi todos los niños nacidos en hospitales en los EE. UU. se envuelven en mantas Kuddle-Up, y sus fotos se publican rápidamente en la Web (actualización del Editor: Kaiser Permanente, la cadena de hospitales y compañía de atención médica administrada, tiene su propia línea de mantas, que incluye una con animales bebés). Un estudio de 2011 determinó que el 66 % de los padres de la generación “X” (aquellos nacidos a fines de las décadas de 1960 y 1970) publican fotos de sus hijos en línea. En el Reino Unido, un estudio reveló que la mayoría de los padres publican una foto de su hijo recién nacido dentro de una hora de su nacimiento. Si bien nadie en Facebook podría determinar cuántas fotos de recién nacidos se publican, los usuarios publican 350 millones de fotos por día.

Tal vez, lo más sorprendente es que las mantas se venden en todo el mundo y son fabricadas en Karachi, Pakistán. Medline no quiere informar exactamente cuándo o por qué trasladaron sus operaciones allí.

Así como hemos exportado el modelo estadounidense del parto orientado a la medicinade acuerdo con Childbirth Across Cultures (El parto en las diferentes culturas), libro editado por mi madre, quien me dio a luz en un centro de maternidad independiente), algunos hospitales chinos tienen una tasa de nacimientos por cesárea del 90 %, que se conocen como “nacimientos de estatus”—también hemos exportado la manta que va con él. Ahora, Kuddle-Up no es solo un indicador nacional, sino mundial, aunque las mantas no son tan masivas en el extranjero ni en el mundo en desarrollo, y tampoco lo es el acceso a Facebook.

Su producción en masa y su proliferación no han frenado nuestra afinidad o apego a la manta. Muchos padres guardan la manta Kuddle-Up de sus hijos (técnicamente, se supone que no se puede llevar del hospital, pero cientos de ellas se van a los hogares con los bebés cada año), a pesar de que sea idéntica a otros 1,5 millones de mantas vendidas ese año y de que pudo haber sido utilizada con muchos otros niños recién nacidos. No importa qué tan común sea la tela, la experiencia que la acompaña es única.

Debo admitir que no guardé la manta Kuddle-Up de mi hija—las cuestiones de espacio superaron el sentimentalismo. Pero me encantó poner su foto en Facebook—dejando de lado las preocupaciones sobre la privacidad—envuelta en lo que ahora sé que es la manta para recién nacidos más conocida del mundo. No me importó que en otros lugares del planeta y en muchas páginas en Facebook, 1,5 millones de personas estuvieran haciendo lo mismo.